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Sobre mi

¡Hola a todos! Soy Ana, algunos me conocerán por el libro Cocinar sin Carbohidratos, del que soy coautora junto con el escritor Carlos Abehsera, y para otros esta será la primera vez que sepan de mi existencia. Para aquellos que no me conozcan voy a empezar por presentarme.

Foto Perfil

Mi nombre es Ana Román Ruiz, soy Técnico Superior en Proyectos de Obra y Decoración y Licenciada en Psicología por la Universidad de Málaga. Lo sé, son dos líneas muy diferentes pero uno no empieza por el camino que quiere seguir, primero se prueba y después, con la experiencia y desarrollo personal se inclina por una u otra cosa dependiendo de los gustos y habilidades desarrolladas. En mi caso, el camino se ha desviado exageradamente hasta topar con la nutrición. No soy técnico, ni licenciada ni graduada en nutrición pero soy toda una experta en calentarme la cabeza para encontrar recetas antónimas a las tradicionales.

Desde casi siempre (la infancia y adolescencia no cuentan) me he inclinado por un estilo de vida saludable. Ejercicio y una buena alimentación siempre han estado presentes en una buena parte de mi tiempo. Pero no siempre ha sido la más acertada puesto que la mayoría de las veces prescindía de los nutrientes más esenciales para que el organismo rinda al 100%. Me estoy refiriendo a las proteínas y a las grasas, dos nutrientes necesarios y esenciales en el desarrollo físico y cognitivo. Fue en mi época «vegetariana» cuando me di cuenta de que algo fallaba, me faltaban fuerzas y los mareos o bajadas de tensión se volvieron constantes. Pero mis ganas por una alimentación «limpia» de grasas e ingredientes de origen animal me animaban a seguir, porque parte de mí se sentía bien pero la realidad era otra. Fue entonces cuando conocí a Carlos Abehsera y su incompatibilidad de nutrición saludable con la mía.

Si hay algo que me caracteriza es la cabezoneria, así que me propuse a investigar en mis carnes ese tipo de alimentación y ver cómo me influía, quería demostrar que esa radicalidad no podía ser buena. Los carbohidratos no podían ser el diablo, la pirámide nutricional no podía estar equivocada. Una semana me daba alimentándome a base de proteína y grasa. ¿Cuál fue mi sorpresa? la grasa de mi cuerpo fue eliminándose dejando paso al músculo, recuperé fuerzas, los mareos desaparecieron y entró el conflicto mi concepto de estilo de alimentación «saludable» con el «demoníaco». Me negaba a creer que las grasas eran buenas y sobre todo que mi cuerpo no las almacenaba, ¿cómo podía mi cuerpo estar formado por más de la mitad de grasa si me dedicaba a medir cada gota de aceite o alimento graso que entraba por mi boca? ¿cómo en esa semana alimentándome de grasa y proteína había hecho desaparecer la grasa almacenada con gran velocidad y sin esfuerzo físico? Miles de cuestiones empezaron a rondarme y fue entonces cuando empecé una nueva andadura y mi interés hacia los límites insospechables de la nutrición.

¿Qué implicación tiene el cerebro en la forma de alimentarnos? ¿Cómo influyen nuestras emociones con determinados alimentos? ¿Cómo percibimos la saciedad y cómo aprender a controlarla? Hay miles de cuestiones que me replanteé y hasta hoy sigo deshilando y uniendo esos procesos psicológicos que van unidos a nuestra nutrición.